Una de las cosas que más me han servido para reconducir mi vida, o al menos para cambiar mi punto de vista sobre los acontecimientos de mi vida y que además constituye el eje principal de este blog fue una conversación que tuve hace años con un sacerdote. Yo le planteaba la dificultad del ambiente, la inercia de mi propia vida con las costumbres adquiridas, el pesimismo ante la posibilidad de cambiar algo en el mundo, etc... Recuerdo que el me dijo: "Dios te ha creado y desde antes de que existieses te ha amado". Esto es algo que casi todos hemos oído cientos de veces "Dios te ama" y a fuerza de oírlo lo hemos ido vaciando de contenido.
"¿Recuerdas cuando en tu juventud estabas enamorado de una chica? ¿que eras capaz de hacer por estar con ella por recibir una mirada suya, por cruzarte en su camino, por hablar unas palabras con ella?" continuó el sacerdote, "Pues Dios te ama así, pero infinitamente más". El amor de los hombres es un reflejo del amor de Dios, pero Dios también suspira por una mirada nuestra, por una palabra nuestra, por una sonrisa nuestra... y Dios igual que nosotros, se derrite ante cualquier detalle que tenemos con El.
El problema es que el amor verdadero es recíproco, requiere de las dos partes. Por eso aunque El este suspirando por nosotros nosotros siempre podemos decirle, con nuestras palabras o con nuestras obras, "no me interesas". El amor de verdad requiere libertad y Dios está dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir nuestro amor menos coartar nuestra libertad. El mismo ha venido el mismo a la tierra y ha muerto por nosotros para romper las barreras que nos impedían acercarnos a su Amor. ¡que locuras de amor las tuyas, Dios mío! igual que el enamorado es capaz de esperar horas sólo para ver pasar a su enamorada tu te has quedado siglos en el sagrario, en forma de pan para poder estar a mi lado... y yo, paso tantas veces de largo. Igual que el enamorado perdona cualquier desaire de su amada y cuando llega un detalle de esta la disculpa, ¡Dios mío! cuantos desprecios míos has soportado, cuantas veces he preferido cualquier tontería a estar contigo, cuantas veces te he insultado con mi vida... y Tu siempre me disculpas.
Si miramos nuestras vidas con esta perspectiva ¡cambian tantas cosas! El nos espera siempre y solo pide un gesto para echarse en nuestros brazos... sin reproches sin cuentas pendientes... pero tenemos tanto que decirle, tanto desamor por el que decirle "perdón".